sábado, 15 de agosto de 2015

Huellas

Es cuestión de un momento, un segundo, por el cual comienza la autodestrucción. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Siempre echando sal en las heridas abiertas, descosiendo cicatrices, partiéndonos mil veces y cortándonos con nuestros propios cristales.

Entonces te detienes a pensar en cada detalle de tu vida y observas que has dado demasiado por personas que ni siquiera estaban ahí. Has llorado, sabes bien que has llorado de una forma tan dolorosa que ni la música era capaz de calmar por aquellos que demostraban día a día merecer un hueco en ti pero aun así, no lo apreciaste y un día se fueron, simplemente cansados de arreglar a un juguete al que le gustaba estar roto. Dabas por hecho que jamás se irían pero la cuerda que a ti te mantenía a salvo a ellos les asfixiaba.

 Escribes, gritas, lloras, pero no hay forma, no te escuchan. Te van a perder, lo sabes y lo peor es que en el fondo ellos lo saben también.

Comienzas a pensar en todo lo que has hecho, lo que has pasado, lo que has dado, lo que has perdido para que otro gane... "Tienes que ser egoísta, tu felicidad está primero"... Algún día espero que entiendan que cuando quieres a alguien no puedes permitirtelo. Me han mentido, me han olvidado, me han destrozado las personas que prometían protegerme y estar conmigo... al menos ¿habrá servido de algo lo que hice, lo que hago? ¿He dejado huella en alguien? ¿Correrán detrás de mí si me voy o simplemente dejarán que me esfume?¿llorarán cuando no esté?
Cuanto duelen las mentiras, las promesas que te rompen por dentro al no ser cumplidas. "No te vayas nunca","no quiero perderte" y tú dices que no lo harás, que no los dejarás, pero estás tan cansada de que las mismas personas que no quieren perderte sean las que te consumen con sus actos que en realidad ya te has ido y nada volverá a ser igual. Ellos ya hicieron su elección. Aconsejas, escuchas, reconfortas, aún así hacen lo que quieren porque saben, o eso creen, que tú estarás ahí para rescatarlos, para calmarlos... Pero... ¿Lo estás?

 Llegado a este punto la autodestrucción casi ha finalizado, tan sólo queda que te rindas y te vayas sin despedida, sin lágrimas. Pasará el tiempo y tú seguirás recordando a cada uno pero... ¿cuántos sabrán quién eres? y cuando crees que las cosas han mejorado... Es cuestión de un momento, un segundo por el cual... El ciclo se repite.

A prueba de balas

Inmóvil, sentada al borde de la cama. La mirada fija en el calendario. La habitación apenas iluminada por los tímidos rayos de sol que acarician las paredes. Impasible, se levanta y observa su reflejo, frágil como el cristal. Deja escapar un suspiro y una lágrima furtiva. Comienza el coro de voces, se alzan expulsando su veneno, rabia y furia contra ella, parecen causar un gran estruendo pero solo están en su cabeza.
Se pone los auriculares con la musica elevada, muerde su labio inferior mientras enlaza las manos tapando sus oídos, cierra fuertemente los ojos tratando de evadirse. No se da cuenta; sin embargo, su alma se parte poco a poco y grita buscando libertad. Anhela escapar de esa prisión ajada en la que se ha convertido su cuerpo. Se están desgarrando cada una de sus cicatrices. Ellos no saben lo que hacen, solo pretenden molestar o quizás vaya mucho más allá y lo único que quieren es descargar sus propios miedos y complejos no solo sobre ella, sino sobre todos a los que consideran débiles. Cuan ilusos son por pensar que eso les hace más fuertes. Valientes son los oprimidos que luchan cada día contra ellos mismos y contra el mundo, son aquellos que dejan de buscar una luz en la oscuridad y se convierten en su propio farol. Viven el acoso de verdaderos cobardes, esos que viven encadenados a unos principios que ni ellos logran entender, dictaminados por una sociedad egoísta y sin escrúpulos que discrimina a los que considera diferentes.
Creo firmemente que tenaz es quien cae y se levanta, quien supera sus problemas y aprende a iluminar en lugar de extinguir la llama  de los demás. Ser fuerte es aceptar que eres frágil, que eres de cristal, y hacer de tu debilidad una fortaleza.
Ella se levanta, se acerca a su escritorio y con las lágrimas recorriendo su rostro comienza a escribir. Deja fluir todo a través del blanco papel, encuentra en las palabras el alivio que necesita, la libertad que tanto ansía. Recobra la cordura. Las voces solo son recuerdos de sus viejas heridas que poco a poco vuelven a cerrarse. Seca sus mejillas y se repite a diario: "soy de cristal". Sus ojos brillan, desprenden alegría y sus labios muestran una gran sonrisa. Añade unas palabras a su lema: "soy de cristal, sí, pero a prueba de balas".