martes, 29 de noviembre de 2011

Lágrimas.

No te marches- susurré.
No lo haré- prometió.
Pasaron meses y no volvía, y no volvió. Como una golondrina emprendió el vuelo y jamás regresó.
Le esperaré, me juré. Día tras día intentaba mantener viva la esperanza de que él nunca me fallaría yo le amaba, él también, nunca me mentiría, no tenía por que hacerlo.
Aquel banco ajado y devastado era testigo de cuantas palabras me había musitado, palabras... pensé irónica... falacias mas bien. ¿Falacias? no de eso nada... te lo prometió, volverá, seguro que lo hará, me repetía frecuentemente. Cada tarde perseveraba en aquel banco, la misma hora, el mismo sitio, el mismo paisaje... pero no asistía.
Tal vez fue mi inocencia al pensar que nadie me rompería una promesa, que ilusa. Me sentía tan frágil y convaleciente, una a una mis lagrimas caían ¿de verdad no volvería?.
Él se fue sin más, dejando sus recuerdos y arrasando con todo a su paso mientras huía, lo peor fue cuando sentí como perdía ese calor que antes invadía mi cuerpo, cuando note que la bomba de la cual emanaba pureza y felicidad empezó a congelarse, a petrificarse y lo que un día fue tan cálido y transparente ahora era negro y álgido. Me volví tan fría y distante del mundo... mis sonrisas ahora estaban paralizadas sencillamente no encontraba motivos por los cuales hacer ese gesto de subir los labios y enseñar los dientes, me parecía ridículo. Tan solo quería llorar, llorar mientras me acordaba uno a uno de cada maldito día que pasé junto a él. Por que hacía meses de aquella promesa, de aquel último beso que me dejo el sabor amargo que perduraba, y aun así le seguía amando con cada milímetro del témpano de hielo que había dejado, aun así seguía esperando que regresara, y que trajera de vuelta mi corazón.
Condenaba cada beso corrompido con sus blasfemias,cada caricia abrasadora cómplice de clandestinas miradas, el roce de sus labios susurrándome una y otra vez que jamas se iría, jamas, insistía mi cabeza... que cruel y vil mentira.
Ya no creería a nadie mas, no volvería a entregar mi corazón, simplemente por que ya no era mio y quien lo tenía no lo valoraba.
Te estuve esperando.- dije sorprendida e ilusionada.
Lo siento fue un largo viaje, pero ya estoy de vuelta y no me volveré a ir.
Le abracé, le abracé con fuerza sin ánimos de soltarle no le dejaría escapar jamás.
¿Pero que era eso?, un olor dulce provenía de su cuello e inundaba mis pulmones, rojo carmín manchaba  su camisa. Un largo viaje... claro.
Cariño, te echaba de menos, ¿que es lo que has estado haciendo todo este tiempo y que quieres que hagamos ahora?.
Todo este tiempo...- mientras asimilaba su engaño y recordaba todo el sufrimiento que había pasado por aquel cuentista note como el calor volvía a emerger en mi cuerpo y los pedazos de hielo que cubrían mi corazón se deshacían.- te estuve esperando...
Ya estoy aquí no temas, ¿ que te apetece hacer ahora? pídeme lo que quieras.
Quiero olvidarte, quiero que me devuelvas mi corazón y te alejes de mi.
Le empujé y corrí con todas mis fuerzas, hasta que llegué a aquel banco destrozado donde tantos meses malgasté. Lloré y lloré, como una idiota, derrochando puras y cristalinas lagrimas que él no merecía. Hasta aquí has llegado, me sequé  las finas gotas que aun caían. me puse en pie y prometí que jamás volvería a regalar mi corazón y estaba segura de cumplirla pues pensaba que solo podría confiar en mi misma. Cuan equivocada estaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario